LOS CAPRICHOS DEL DIABLO

(La leyenda oscura de Niccolo Paganini).

Un capricho es una composición musical de carácter libre y complejo en el que la habilidad del ejecutante brilla; y a veces el violín puede ser el protagonista. Instrumento que llegó a occidente en el siglo XVI, al que se le atribuyó estar asociado con el diablo. En su inicio la música que salía de sus cuerdas iba de la mano con la danza, considerada en la Reforma y Contrarreforma religiosa como algo excesivamente divertido e incitador, emparentado al pecado por lo que no podía ser sin más que un elemento diabólico.

En el siglo XIX Niccolo Paganini poseedor de una destreza arquetípica del virtuoso, no sólo de la interpretación del violín sino también de la guitarra y de la composición; creó 200 piezas musicales entre ellas 6 sinfonías para violín y orquesta de las que destaca la número 02, conocida como “La Campanella”, sus sonatas para guitarra y otras tantas para violín como el “Movimiento perpetuo” y desde luego los “24 caprichos para violín Op.1”.

Ganó el mote de: “El violinista del diablo”, en un intento del imaginario colectivo, para dar una explicación tenebrosa a su asombrosa habilidad.

La leyenda

Un rumor que corría a voces entre la audiencia aristocrática europea que asistía a las elegantes salas de conciertos del siglo XIX, sobre uno de los músicos solistas de la corte de Elisa Bonaparte, princesa de Lucca y Piombino, hermana de Napoleón; era que la silueta del mismísimo diablo se figuraba en la sombra de un delgado violinista genovés de ojos profundos y semblante pálido, cadavérico, casi espectral; tenía la cabellera alborotada a la altura de los hombros, por los compulsivos movimientos a la hora de tocar; sus brazos eran notablemente alargados y ni que decir de los dedos de sus manos enormes; se decía que tenían tanta flexibilidad que podía doblarlos hacia atrás como un deshuesado. El virtuosismo de Niccolo, no era de este mundo.

Una noche de gala en pleno concierto, en una efusiva interpretación casi violenta, una de las cuerdas de su Stradivarius se reventó, la orquesta hizo una pausa, pero el violinista continuó; después una segunda cuerda se rompió y luego otra más, quedando sólo una; mientras el violinista seguía tocando a gran velocidad como un poseído y sin desafinar ni una nota, hasta parecía que era más de un de violín el que sonaba, e incluso imitaba el sonido de algunas aves y otros instrumentos como una flauta o un trombón, ante el asombro de todos los eufóricos espectadores.

“Capricho No. 24 in A Minor, Quasi Presto”, David Garrett, película: “El violinista del diablo”.

Se decía que Teresa Bocciardo su madre, tuvo una epifanía entre sueños cuando él apenas era un niño; un ángel le dijo que su hijo estaba destinado a ser el más grande de los violinistas de todos los tiempos, aunque que ese ángel era el terrible Lucifer con quien hizo un trato; razón por la que su padre Antonio Paganini lo sometió a una estricta disciplina musical, le enseñó a tocar mandolina y violín desde los cuatro años y a los nueve dio su primer concierto, para después perfeccionarse bajo la tutela del prestigiado maestro Alessandro Rolla quien le dijo en una tarde de lección, con actitud casi de rabieta: ¡Ya no más! no me queda nada por enseñar ¡Me has superado!

Situación que se repite cual “deja vu” entre los genios, porque algo equivalente sucedió antes con Verrocchio y Leonardo da Vinci. (Por cierto, no te pierdas Leonardo el Polímata cuando termines de leer).

Alessandro Rolla, violinista, compositor y director de orquesta.

Cuando Niccolo empezó a escribir su propia música entre sus partituras había una anotación extraña a la que llamaba nota 13.

Tenía en su posesión: dos violines Stradivarius, dos Amati y un Guarnerius, lo más selecto en calidad de las mejores familias de luthiers. Tras bambalinas se decía que su Guarnierius, su favorito al que nombro como il cannon (el cañón) encerraba el alma de una mujer con hermosa voz, porque había matado a una de sus amantes y que con sus entrañas había fabricado las cuerdas; por lo que estuvo recluido en la cárcel.

Pero esto era falso desde luego, Paganini fue encarcelado una noche debido un disturbio en una de tantas borracheras, el éxito se le fue de la cabeza cuando solo tenía 16 años por lo que eran frecuentes esas parrandas y las apuestas, gustaba mucho de los juegos de azar; llegó a perder tanto dinero que una vez tuvo que empeñar una de sus más preciadas posesiones; su Guarnerius.

En su madurez ya consolidado solía apoyar a otros músicos de bajos recursos económicos para que salieran adelante, como a Héctor Berlioz (uno de los mayores exponentes del movimiento romántico francés), sabía reconocer el talento, pero esto fue después de haber conocido a una misteriosa mujer cuyo nombre a la fecha permanece en el anonimato, que le ayudó a salir del mal camino.

A pesar de su raro aspecto tan poco agraciado, muy, pero muy lejos de verse como David Garrett, anduvo con muchas mujeres, entre ellas se dice que con dos de las hermanas de Napoleon; Elisa y Paulina y luego se casó con una famosa bailarina; Antonia Bianchi con quien tuvo un hijo al que nombro Aquiles, quien sería su fiel compañero por el resto de su vida.

Elisa, Paulina y Antonia

El espejo me dice que soy muy feo y hace tiempo que dejé de ser joven; pero cuando las mujeres escuchan mi música y mis tonos aterciopelados; entonces soy un ídolo y ellas ruedan a mis pies”. Niccolo Paganini

Se convirtió en viajero peregrino, impresionando en sus giras a todos con su virtuosismo como un auténtico rockstar provocando gritos y hasta desmayos, incluso hubo lugares en donde tenía que interferir la guardia policial, por los enfrentamientos de los fans con algunos miembros de la sociedad eclesiástica que se oponían a las presentaciones de aquel “engendro del mal”.  

Compuso una pieza para dos cuerdas; una grave (en Sol) equivalente a la voz masculina y otra más aguda (en tono, Mi) para imitar la voz femenina; titulada la “Scena amorosa”, se cree que el propio Napoleón fascinado al escucharla, lo retó a componer otra pieza, pero con una sola cuerda. La melodía se llamó “Sonata Napoleone”.  

Lo del incidente de la ruptura de las cuerdas era algo que solía hacer deliberadamente en cada concierto como parte del espectáculo, tocaba a la impresionante velocidad de 12 notas por segundo con un sistema a “dos voces” por lo que parecía que tocaba dos violines a la vez. Lo de la silueta del diablo debió ser un truco de luz y sombra tal como se ve en la película. Su semblante y manos se debían al síndrome de Ehlers-Danlos y enfermedad de marfan que padecía. Y a la fecha nadie sabe el significado de la nota 13.

La tuberculosis aunada a otras enfermedades entre ellas la sífilis, le cobraron factura a sus 58 años de edad. Estando al pie del delirio se reusó a recibir la extremaunción (el sacramento de los “santos oleos” y el acto de confesión) realizado por un presbítero de la iglesia católica; acto que derivó en que el arzobispo de Niza le negara sepultura eclesiástica, permaneciendo su cuerpo yerto y embalsamado en el sótano de la casa de su hijo Aquiles durante más de dos meses, hasta que finalmente fue trasladado e inhumado en la ciudad de Parma. 

Nicolo Paganini (Génova, Italia 1782- Niza, Francia 1820)

Esto generó otro mito más a su lista, por si fuera poco:

Se cuenta que el cura temeroso por toda esa aura de rumores tenebrosos, le preguntó sobre el verdadero contenido de un estuche para violín que Niccolo sujetaba aferrado, y este furioso le contestó: ¡El diablo, mismo!, ¡eso es lo que contiene! y empezó a tocar música desenfrenadamente hasta azotar el instrumento contra pared, cual cliché de concierto de rock (muy a la Pete Townshend) y al momento de romperse, Paganini cayó muerto.

Admirado por otros famosos músicos como Franz Liszt, Johannes Brahms o Robert Schumann por todos sus aportes e innovaciones, además de su evidente talento interpretativo; lo posicionan al lado de los grandes como una leyenda en sí mismo, fuera de todo mito absurdo.

“No era tan solo la fabulosa técnica de Paganini sino la poesía interior y su imaginación lo que lo hacía ser tan asombroso” Adolf Bernhard compositor y crítico musical alemán.

Publicación # 27

ESCRITO POR MAGUMY

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