Esto será un viaje a las profundidades del pensamiento de hace poco más de 500 años: humanismo y antropocentrismo. Habrá escaladas de montaña, libros inspiradores, ideas peligrosas, algunas frases elocuentes y otras muy locas. En fin conoceremos a Francesco Petrarca, a Giordano Bruno y a Giovanni Pico Della Mirandola; y sabremos qué los hace interesantes.
El Renacimiento fue un movimiento cultural de suma importancia, porque dio apertura a la racionalidad, siendo el hito que marca la diferencia entre las ideas medievales y el pensamiento moderno. Da sus primeras luces muy tempranamente en la Península Itálica, en plena crisis por pandemia, debido a la peste negra (o bubónica) a mediados del siglo XIV o “Trecento” (como dicen los italianos); con los literatos: Petrarca, Boccaccio y Dante, que fueron los impulsores del humanismo.

Se consolida en el “Cuatrocento” siglo XV (1401-1500), una época de experimentación en la arquitectura y el arte, con innovadoras propuestas de tipos geniales como León Batista Alberti, Filippo Brunelleschi, Donatello, Massaccio y Ghiberti.

Se expande al resto de Europa cuando alcanza su plenitud en el “Cinquecento” siglo XVI (1501-1600); ya saben, la época de los grandes nombres como Leonardo Da Vinci, Rafael, o Miguel Ángel. Y de arquitectos consagrados como Andrea Palladio o Donato Bramante que fue quien diseñó los primeros trazos de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Así también de fabulosos músicos, tal vez poco conocidos popularmente, pero si muy importantes como Josquin Des Prez o Thomas Tallis. Y de escritores de inagotable imaginación como William Shakespeare, o diplomáticos calculadoramente sistemáticos como Nicolás Maquiavelo.

De igual manera se incluyen las mentes brillantes que contribuyeron de modo contundente a la estructura del método científico, como Nicolás Copérnico, Galileo Galilei y Johannes Kepler.

Así de importante fue el renacimiento, aunque casi nada pudo haber sido posible sin ayuda del mecenazgo, de gente interesada en el progreso, la cultura, su particular gusto hedonista y su anhelo por trascender, como lo fue el más célebre de todos Lorenzo de Medici “El Magnífico”.

¿Pero cómo surge esa transformación? ¿Cuál era la mentalidad? ¿Qué los motivó?
EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO RENACENTISTA
En el “Trecento”, en el ocaso de la edad media se dieron los primeros destellos del despertar de este movimiento intelectual, a través de dos ideologías que se complementaron; el Humanismo y el Antropocentrismo.
El primero tuvo que ver con un poeta italiano llamado Francesco Petrarca y su ascenso a una montaña (El Mont Ventoux, en Francia).
HUMANISMO
Era la primera vez que se escalaba sin una razón práctica o por necesidad (que quedara documentada), lo hizo simplemente porque la cumbre estaba ahí retándolo a mirar desde lo alto. Fue como una metáfora viva del pensamiento humanista, simbolizando el autodescubrimiento como individuo, en la medida de su determinación y superación ante el agobio y asombro por la imponente naturaleza.

“El viento soplaba con tanta fuerza que parecía que podía arrancarme de la montaña…Me sentí pequeño y débil frente a la majestad de la naturaleza. Me di cuenta que la vida humana es solo un momento en la historia del universo”
Petrarca subió al monte de los vientos acompañado de su hermano Gherardo y otras dos personas a su servicio, y fue su hermano quien llegó primero a la cima.
“Me sentí un poco avergonzado de que mi hermano hubiera llegado antes que yo, y me dije a mi mismo: ¿Qué es lo que te ha pasado? ¿No haz estado entrenando para esta ascensión durante meses… ¿Y sin embargo, tu hermano que no ha hecho nada de esto, ha llegado antes a la cima?
Luego Petrarca reflexiona sobre la ironía de la situación
“Me di cuenta de que el esfuerzo no siempre es recompensado con el éxito. A veces, aquellos que no se esfuerzan tanto pueden alcanzar sus objetivos antes que aquellos que se esfuerzan más…a veces podemos estar tan enfocados en alcanzar nuestros objetivos que nos olvidamos de disfrutar del camino».
«Me di cuenta que el verdadero objetivo de mi ascensión no era llegar a la cima del monte, sino encontrarme a mi mismo”.
El ascenso de Petrarca sin más equipo que un libro filosófico llamado «Confesiones» de San Agustín(*) sucedió un 26 de abril de 1336 que marca una fecha simbólica inaugural, no solo para el alpinismo, sino también del inicio del humanismo.
*Agustín de Hipona fue un teólogo del siglo IV (antigüedad tardía), cuya formación intelectual se basó en gran medida de los pensadores neoplatónicos que le eran contemporáneos, adaptando su filosofía con muchos sesgos, para ajustarla a la ideología cristiana, cuando la iglesia se estaba formado como una institución oficial en Roma, por decreto del Emperador Teodosio, en el año 380 mediante el edicto de Tesalónica.
Las “Confesiones” es un libro autobiográfico que trata sobre la búsqueda interior para encontrar espiritualidad mediante el reconocimiento de los propios errores, al tiempo que plantea cuestionamientos analíticos con una curiosidad implícita hacia temas que hoy consideraríamos científicos, como sus reflexiones sobre el tiempo. Este libro impactó mucho a Petrarca influyéndolo en su modo de actuar y pensar, por lo que reconoció en la prosa antigua sus fuentes idóneas de conocimiento.

Por tanto, inspirado escribió una carta (conocida como «Epistolae familiares») dirigida a Dionisio da Borgo, quien era un monje ermitaño amigo suyo, en la que describe una introspección que derivó de su aventura en la montaña, expresando su deseo de encontrar sabiduría en la naturaleza y la verdad a través de la razón, para una comprensión profunda del mundo, de la condición humana y de si mismo. Así entonces como punto de inflexión, inmerso en esa idea, se propuso analizar el conocimiento de los antiguos textos grecolatinos, que quedaron olvidados por la incomunicación o también debido a la propia censura de la iglesia; estando cautivos en el sombrío y recóndito scriptorium de algunos monasterios.

Muchos libros fueron hallados por otros humanistas en mezquitas y madrazas en Córdoba, el Cairo, Bagdad, Persépolis y Cairuán en Túnez, que durante el Imperio islámico los copistas árabes en su época más ilustre, los preservaron y complementaron con sus propios conocimientos de matemáticas, medicina, geografía y más. Otros fueron importados a través de los eruditos exiliados de Constantinopla (la Roma Oriental), que fue vencida por los otomanos en 1453 (que marcó el fin de la edad media).
Petrarca, considerado el padre del humanismo; junto con otro de sus amigos Giovanni Boccaccio (autor del Decamerón) quien tradujo varios textos del latín al italiano, y Dante Alighieri (autor de La Divina Comedia), que era un erudito de la cultura grecolatina; traían de vuelta los valores e ideales de los pensadores de la antigüedad clásica: como la retórica de Cicerón, o el estoicismo de Séneca, o también varias de las obras desconocidas de Platón.

La amistad de Petrarca con Boccaccio trascendía a un vínculo de gran colaboración, en un diálogo constante entre dos grandes mentes. Mientras Petrarca cultivaba una imagen de poeta lírico, profundo e intelectual; Boccaccio siendo mas joven era más bien pícaro, se mostraba más cercano a la vida cotidiana, dando lugar a su obra el Decamerón, que fue censurada por la iglesia debido a su mordaz critica social que incluía al clero. Considerada actualmente invaluable porque nos permite comprender mejor la mentalidad y los valores de su tiempo.
Según Petrarca la historia estaba formada en fases de luz y oscuridad alternadas; considerando su época el atisbo de un nuevo amanecer iluminado por los clásicos, después de una «larga y atroz noche en las tinieblas», como un retorno a la vida después de la muerte… Un “Renacimiento”.
“Este sueño de olvido no durara siempre. Cuando se desvanezca la oscuridad, nuestros descendientes verán nuevamente el antiguo y puro resplandor”.
Al redimir los valores clásicos grecolatinos se promueve una actitud crítica de pensamiento racional, dando lugar al método científico con importantes descubrimientos, como el estudio sistemático de la perspectiva matemática del arquitecto Brunelleschi; e inventos como el telescopio que sirvió a Galileo para desmontar la teoría geocéntrica y a Kepler para sus leyes del movimiento de los planetas; o la imprenta de Gutenberg en 1440, que da la bienvenida a la Edad Moderna de la historia, porque mediante los libros se extendió y democratizó el conocimiento, que se emancipó del control de la iglesia.

La Reforma
Imprimir las tesis del predicador, sacerdote y luego obispo alemán Martín Lutero, que denunciaba la corrupción del clero por la venta de indulgencias, fue relevante para la Reforma protestante.

Las indulgencias eran una especie de “impuesto” que garantizaba el perdón de los pecados a cambio de unas cuantas monedas (o muchas según el caso). Los fondos recaudados (además del enriquecimiento de los altos mandos del clero), se utilizaban para diversos propósitos, entre los principales: la construcción de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, con materiales muy costosos y extremo lujo en obras de arte, por lo que se requería un “reajuste” en las tarifas y un buen eslogan tributario:
«Tan pronto como suena la moneda en el cofre, el alma del purgatorio al cielo salta»
(frase adjudicada al monje recaudador Johann Tetzel).

Aunque no fue la primera vez que se desafiaba y cuestionaba el proceder de la iglesia, la Reforma fue el movimiento más significativo. El pensamiento crítico se hacía presente. Sin embargo, cabe señalar que Lutero discrepaba de los humanistas exaltadamente, anteponiendo la fe sobre la razón cuando está caía en conflicto con la Biblia.
Martín Lutero en su obra “De servo arbitrio” (Sobre el libre albedrío) decía que el ser humano es incapaz de elegir libremente, ya que su voluntad esta esclavizada por el pecado, siendo la fe el único camino; pensar y cuestionar con razonamientos, invita a dudar. Y argumentaba con esta frase:
“¡La razón es la prostituta del diablo!”.
Pero al promover la lectura de la Biblia (que él mismo tradujo del latín al alemán), muchos de la gran mayoría que no sabían leer ni escribir, aprendieron, y con ello se interesaron en otro tipo de libros que despertaron su curiosidad, abriéndose a nuevas ideas que se expandieron de modo inevitable.

ANTROPOCENTRISMO
Ahora bien, la segunda idea fundamental que se suma a estos albores renacentistas en oposición al arcaico pensamiento medieval determinista y teocéntrico (dios como centro de absolutamente todo), fue la de ubicar al hombre como figura central y protagonista: El Antropocentrismo.

Esto NO implicaba un abandono de su fe, muchos humanistas eran profundamente religiosos y buscaban conciliar la doctrina cristiana con el conocimiento racional. Su objetivo era encontrar un equilibrio entre las creencias y la razón, entre lo divino y lo humano. El antropocentrismo renacentista supuso un cambio radical en la concepción del mundo y del lugar del hombre en él, sentando las bases para el desarrollo de la modernidad.
Pero ejercer ciencia y pensamiento crítico era una tarea extrema de muy alto riesgo, se prestaba a malas interpretaciones. La Inquisición “Del santo oficio” se da en esa época como una reacción de la Contrarreforma y sabemos que fue implacable. Tenemos desde el juicio de Galileo, hasta la sentencia de Giordano Bruno quemado en la hoguera.
Hagamos un paréntesis:
¿Quién fue Giordano Bruno y por qué lo asesinaron?

A Giordano lo colocamos independiente de los humanistas, él era un sacerdote napolitano de la Orden Dominica, dedicado al estudio de la teología y la filosofía natural (enfocado en la cosmogonía), que abandonó la vida religiosa al ser acusado por herejía en el año de 1576. Sus razonamientos y conducta desafiante incomodaban a la iglesia.
Se convirtió en un filósofo itinerante tras su exilio, recorriendo varios lugares de Europa en búsqueda de un refugio intelectual, mientras escribía y divulgaba sus ideas.
Afirmaba que el universo es infinito con múltiples sistemas solares, con mundos posiblemente habitados de seres con su propia identidad cultural y creencias, contradiciendo la idea de una Tierra única, inmóvil y central.
«El universo no tiene límites, ni centro ni circunferencia»
Proponía el panteísmo, es decir que Dios está interconectado con todo, porque és el universo mismo, es la naturaleza como sustancia única que lo conforma todo, siendo autoexistente y eterna, rechazando la idea de un dios antropomorfo (de forma humana) como una entidad separada del universo al que se supone creó, como afirman todas las religiones teístas. Siendo este el concepto que lo distingue de los humanistas quienes sí aceptaban el creacionismo.
«El universo es un organismo vivo e infinito»
Otra más que escandalizó entre las ideas calificadas como peligrosas dado su entorno, fue el hecho de cuestionar la divinidad de Cristo, y decir que tal vez solo fue un buen hombre con las habilidades de un mago ilusionista (ya saben, lo de convertir el agua en vino y cosas por el estilo), considerando a esta “magia” como una forma de conocimiento en vez de algo sobrenatural. Esto desde luego lo decía sin ninguna intención de minimizar la relevancia histórico-cultural de Jesucristo, solo intentaba dar una explicación lógica; porque Giordano no creía en los milagros, ni en la virginidad de María al concebir a Jesús, ni en los santos, ni en el pecado original; él siempre buscó un significado más profundo y menos literal en los temas religiosos.
«La ignorancia es la madre de la devoción»
Sus ideas sirvieron de referente a científicos y filósofos posteriores como por ejemplo a Spinoza y su obra enfocada al concepto panteísta, a Godofredo Leibniz (filósofo y matemático) que mostró afinidad en lo que respecta a la posibilidad de otros mundos en un cosmos infinito, o a Goethe el poeta, que encontró una fuente de inspiración en sus reflexiones sobre la relación entre el hombre y el universo.
Porque Giordano proponía una visión más racional y natural del mundo, libre de supersticiones, valorando el análisis y la investigación. Pero finalmente fue denunciado formalmente en Venecia, ante la Inquisición en 1592 por Giovanni Mocenigo un miembro de la nobleza, ex alumno suyo. Su juicio duro años de tortura psicológica y física en los interrogatorios, hasta su ejecución en el año de 1600.
«La razón es la llama que ilumina el camino de la verdad»
Continuemos con el antropocentrismo:
Sobre la dignidad del hombre
La difusión de este enfoque antropocéntrico se definió en uno de los manifiestos más célebres; el discurso “Sobre la dignidad del hombre” de Giovanni Pico Della Mirandola, filósofo del siglo XV, en el cual argumenta que el ser humano colocado en medio del mundo, dotado de libre albedrío, tiene el poder de definir su identidad y propósito según decida; ya sea “bajar al nivel de las bestias, o subir tan alto como los propios ángeles”. Y enfatiza sobre el potencial de las capacidades para crecer, aprender y desarrollarse tanto intelectual como moralmente; sugiriendo que el curso del destino dependerá más de la responsabilidad individual que del poder divino.
Contrariamente en el pensamiento teocéntrico se justifica fácilmente la desigualdad e injusticia con el lema de ser “los misteriosos designios de Dios”, por tanto, los reyes eran legitimados según estos supuestos designios (Si naciste plebeyo y pobre, es porque así lo quiso Dios). De modo que la fe era usada como herramienta de control social.

Giovanni Pico tenía 23 años de edad cuando escribió su discurso, a manera de introducción para la presentación de su obra llamada “Conclusiones” que constaba de 900 tesis de filosofía, de las cuales 13 fueron malinterpretadas por la iglesia católica, calificándolas como herejes, por lo que tuvo que huir a Francia. Lamentablemente ocho años después murió envenenado misteriosamente.
Así este humanismo antropocéntrico se caracterizó por la excelencia y trascendencia, de expresión individual y hedonista. Se dejó atrás la idea de ser ese sujeto temeroso de dios; ahora se daba dignidad y se veía así mismo como parte de la creación de un ser divino y por lo tanto relevante. De este modo los arquitectos, músicos, escultores y pintores ya eran reconocidos, habían dejado atrás el anonimato, incluso se escribían sus biografías, por eso sabemos sus vidas y obras.
Uno de los biógrafos renacentistas del cinquecento más importantes fue Giorgio Vasari, que además de ser escritor e historiador humanista, era pintor y arquitecto. Ser polímata era una característica emblemática de los “Hombres del Renacimiento”.

El arte se transformó al cambiar el enfoque del artista, centrándolo en el ser humano y en el mundo natural. Esta nueva visión dio lugar a un florecimiento creativo sin precedentes.

- En la pintura las obras maestras combinaban la belleza clásica con una profunda comprensión de la anatomía humana y la perspectiva.
- En la escultura la característica era la representación realista del cuerpo humano y la expresión, con obras espectaculares como el famoso «David» de Miguel Ángel.
- En la arquitectura se buscaba la proporción, armonía y belleza, inspirada en los edificios clásicos, gracias a un riguroso estudio analítico y sistemático.
LA MUSICA:
Thomas Tallis fue uno de los compositores mas importantes del renacimiento inglés, que superó ciertos obstáculos al tener que adaptarse a las normas de la Reforma, que rechazaba toda complejidad y sofisticación artística, característica de la ostentosa iglesia católica, porque su nuevo enfoque era la simplicidad; sin embargo debido al mecenazgo de la corte de los Tudor, pudo realizar obras impresionantes como «Spem in alium», que es una proeza técnica, que requiere un coro de 40 voces; siendo un reflejo de la capacidad humana para crear belleza y orden a partir del caos, por lo que se convierte en un ejemplo musical del Renacimiento, del humanismo antropocéntrico, donde el hombre, a través de su creatividad y espiritualidad, busca su lugar en el cosmos.
«Spem in alium» frase en latín que significa “Nunca puse mi esperanza en otro». Se compuso alrededor del año 1573 y se cree que aunque habla de Dios, podría haber sido un homenaje a la Reina Isabel I en su cumpleaños numero 40.
PUBLICACIÓN No. 44
ESCRITO POR MAGUMY


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